Para nadie es un secreto que hay personas que manifiestan públicamente sus rechazo al PRI y al candidato presidencial Enrique Peña. Los vemos, los leemos, les dan espacios en los medios masivos de comunicación y crean los propios en medios sociales. Escribo este post mientras se desarrolla la jornada electoral que tendrá como principal resultado la elección del nuevo Presidente que gobernará por 6 años nuestro país.
Hemos sido testigos de la campaña de miedo que recuerda al viejo PRI, a ese PRI represor, el PRI dador de gobernantes que sumieron la economía del país… una campaña de miedo, tal cual. Una campaña que también se concentra en la figura de Peña Nieto, que originó movimientos AntiEPN y me sale una pregunta: ¿Qué pensaría usted si el PRI nunca se fue? ¿Qué pasaría si ha estado ahí todo el tiempo y no nos dimos cuenta?
Hay algunos críticos que prefieren ver al PRI como un ente malvado, lleno de los peores vicios humanos. Hace unas semanas me desconcertó un comentario de Denisse Maerker mientras entrevistaba a Enrique Peña Nieto y decía: “Hay temor en la gente, temor a que vuelva el PRI. Temor que comparto.”
¿Nos tenemos miedo como sociedad? El PRI tiene figuras públicas, pero ellos no hacen al PRI. Ese partido político, como todos los demás los hace nuestra sociedad, nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, no es el PRI omniponente que se empeñan en hacernos creer.
Yo no les temo, no le temo al PRI, ni a sus viejas prácticas, ni a que Peña Nieto sea Presidente si así lo dicta la voluntad popular. Si Peña llegara a ganar la Presidencia será por la incapacidad de otros partidos de proponer algo mejor. Será una derrota para ellos, pero no una victoria para Peña, aunque gane la Presidencia.
Si ese PRI, el de antes, el que hizo y deshizo en este país prácticamente todo el siglo pasado llegara con las mismas intenciones será nuestro turno de demostrarle que no somos la sociedad del siglo pasado, que hemos madurado, que somos ciudadanos y sabemos lo que queremos y lo que esperamos de nuestros gobernantes electos, que no son las mismas condiciones y para nada tiene que ver violencia, marchas, manifestaciones y otros radicalismos que algunos se imaginan.
Tenemos que ser civilizados. Tenemos que respetar la voluntad de la mayoría aunque no nos guste y encontrar la forma de trabajar en conjunto para construir el México que queremos sea quien sea que llegue a la Presidencia.
Mucho ojo con los espejismos, con tomar los bastiones partidistas como si eso fuera una muestra representativa del país. Somos un país diverso y sería arrogante tomar una ciudad específica como representativa. Estemos atentos al desarrollo de las elecciones y de sus resultados.




