Pocos saben que la música es una parte esencial de mi vida, y menos todavía son los que saben sobre mi admiración por la música de Lauryn Hill y lo que significa para mi. Aunque tengo gustos musicales un poco sui géneris, tengo tan sólo un puñado de discos que escucho completitos, sí, com-ple-ti-tos, las más de las veces me gustan sólo canciones de un determinado cantante.
En la tarde mientras planifica más de un tema y me quedaba en shock al recibir una factura, recurrí a una de mis canciones favoritas para pasar el trago amargo. Esa canción que cuando era adolescente me hacía cantar, me hacía bailar e imaginar y todavía lo sigue haciendo después de tanto tiempo. Ahora, luego de años, me hizo no sólo cantar -ante la mirada atónita de la gente que no lo esperaba- bailar, imaginar y recordar. Me hizo recordar a ese personaje que vivía en mí, ese personaje que no conocía límites, ni se los autoimponía, como el ser que ahora soy. ¿Y saben qué? Fue bonito. Me enganché, me encontré y como si fuera La espada del Augurio de Leono, me dejó ver más allá de lo evidente -¡Ay güey!- jajaja. Pero así fue. Así que se las dejo, y espero que de menos entonen una estrofa.




